Guía completa

Tres conductores, tres neumáticos distintos

No hay un neumático bueno para todo el mundo. Para explicarlo, pensamos en tres perfiles que vemos a menudo en el taller.

El que vive en la autovía. Hace la A-31 hacia Madrid o la A-30 hacia Murcia varias veces por semana. Sus neumáticos ruedan muchas horas a velocidad sostenida, con calor en verano. Le interesa un neumático con buena estabilidad, poco ruido y que aguante temperatura. El enemigo aquí no es el dibujo, sino la presión: una rueda baja a velocidad de autovía se calienta mucho y se degrada deprisa.

El que se mueve por la ciudad y alrededores. Va y viene de Campollano o Romica, o entre Albacete y Chinchilla. Arranca y frena muchas veces, gira en rotondas y aparca junto a bordillos. Gasta más los hombros delanteros y es quien más golpes recibe en el flanco. Le conviene revisar alineación con más frecuencia que al anterior.

El que pisa campo. Pickups, todoterrenos y furgonetas que entran en caminos agrícolas, a veces cargados. Necesitan flancos más resistentes y vigilar cortes y piedras incrustadas. Un neumático de carretera puro se raja antes en este uso.

Cuatro estaciones o verano

En la llanura manchega, el invierno trae heladas y mañanas muy frías, y el verano, asfalto que quema. Un neumático de verano rinde muy bien con calor, pero en frío pierde agarre porque la goma se endurece. Uno de cuatro estaciones sacrifica algo de rendimiento en pleno verano a cambio de comportarse mejor en las mañanas de enero. Para la mayoría de conductores de la zona, que usan el coche todo el año, suele ser una elección sensata. Para quien solo sale en temporada cálida, el de verano tiene sentido.

Lo que dice el desgaste

Antes de quitar las ruedas viejas, las miramos. Un neumático gastado solo por el borde interior apunta a un problema de alineación o de un brazo de suspensión. Gastado en el centro, a exceso de presión. Gastado en los dos hombros, a presión baja. Con zonas en forma de escalón, a amortiguadores cansados. Si no corregimos la causa, el neumático nuevo repetirá el mismo patrón.

La presión, el mantenimiento olvidado

Revisar la presión en frío una vez al mes es el gesto más barato para alargar la vida de los neumáticos. Hazlo en la gasolinera antes de rodar mucho, con los valores que marca la etiqueta del marco de la puerta o la tapa del depósito. Si vas a cargar el coche para un viaje largo, por ejemplo en las fechas de la Feria de Albacete en septiembre, cuando muchos reciben visitas o salen de la ciudad, sube la presión a la indicada para plena carga. Y no te olvides de la rueda de repuesto, si la llevas.

Polvo, sol y viento

El sol del verano y el polvo que arrastra el viento envejecen la goma por fuera. Puede pasar que un coche que se usa poco tenga dibujo de sobra y, sin embargo, grietas finas en los flancos. Ese neumático ya no es fiable aunque lo parezca. Revisamos la fecha de fabricación y el estado del caucho, no solo la profundidad.

Al terminar

Montamos, equilibramos, apretamos con el par adecuado y, si toca, alineamos. Te devolvemos el coche con las presiones correctas para tu carga habitual y te recordamos cuándo conviene volver a mirar. Si además notas que el coche frena raro, aprovecha y revisa los frenos en la misma visita.