Guía completa
Hay reparaciones que se pueden posponer un poco sin consecuencias graves. La distribución no es una de ellas. En la mayoría de motores actuales, si la correa se rompe con el coche en marcha, las válvulas y los pistones se encuentran. Lo que era un mantenimiento programado pasa a ser una reparación de culata o, en el peor caso, de motor.
Correa o cadena: dos formas de hacer lo mismo
La distribución sincroniza el giro del cigüeñal con el de los árboles de levas, para que las válvulas abran y cierren en el momento justo. Los fabricantes lo resuelven de dos maneras.
Correa dentada. Es de goma reforzada, silenciosa y ligera. Tiene un intervalo de cambio fijo, en kilómetros y en años, que marca el fabricante para cada motor. Cuando toca, se cambia el kit completo: correa, tensor y poleas. En muchos motores la bomba de agua va en el mismo recorrido.
Cadena metálica. Está pensada para durar mucho más, pero no es eterna. Con los kilómetros se estira, los patines se desgastan y el tensor pierde presión. El aviso típico es un traqueteo metálico durante los primeros segundos tras arrancar en frío. Si se ignora, la cadena puede saltar un diente y el motor deja de funcionar bien o se avería.
Ninguna opción es mejor en todo. Lo importante es saber cuál lleva tu coche y qué pide.
Muchos kilómetros por autovía
En Albacete es habitual hacer muchos kilómetros: idas y vueltas a Madrid o a Alicante por la A-31, a Murcia por la A-30, o desplazamientos diarios a La Roda, Villarrobledo o Almansa. Con ese ritmo, el intervalo en kilómetros llega antes de lo que uno espera. Nos encontramos con frecuencia diésel de alto kilometraje en los que el dueño no sabe si la distribución se cambió alguna vez, sobre todo en coches comprados de segunda mano.
Si es tu caso y no hay factura que lo demuestre, nuestra recomendación es clara: cambiarla. Es mucho más prudente que apostar.
Lo que hacemos durante la jornada
El trabajo ocupa normalmente un día de taller. Bloqueamos el motor en la posición de calado antes de soltar nada, retiramos la correa vieja y revisamos lo que queda a la vista: retenes de árbol de levas y cigüeñal, estado de la correa auxiliar, fugas de refrigerante. Montamos el kit nuevo, tensamos según el procedimiento del fabricante y giramos el motor a mano varias vueltas para comprobar que las marcas coinciden antes de arrancar.
Si se ha cambiado la bomba de agua, llenamos y purgamos el circuito de refrigeración y vigilamos la temperatura con el motor caliente.
Al recoger el coche
Te entregamos la correa vieja si quieres verla, y dejamos una etiqueta en el vano motor con la fecha y los kilómetros del cambio, para que sepas cuándo toca la próxima vez. Coche de sustitución si la reparación pasa de un día, según disponibilidad. El coste depende del modelo y del estado; pide presupuesto sin compromiso en contacto.