Guía completa

Cinco preguntas que te haremos en el mostrador

Cuando alguien viene a cambiar el líquido de frenos, antes de subir el coche al elevador solemos hacer unas cuantas preguntas. No es por rellenar la ficha: las respuestas nos dicen qué hay que mirar con más cuidado.

¿Recuerdas cuándo se cambió por última vez?

Es la pregunta más útil y la que menos gente sabe contestar. El líquido de frenos es higroscópico: con el tiempo va absorbiendo humedad del aire a través de juntas y latiguillos. Esa agua baja su punto de ebullición, y en una frenada fuerte y prolongada puede formar burbujas de vapor dentro del circuito. El pedal se hunde justo cuando más falta hace. Por eso el fabricante marca un intervalo por tiempo, y por eso lo medimos aunque nos digas que se cambió hace poco.

¿Notas el pedal distinto por la mañana?

En Albacete los inviernos traen heladas y mañanas muy frías. Un líquido con agua no se comporta igual a bajas temperaturas, y un circuito con algo de aire tampoco. Si notas que el pedal va más largo al arrancar y mejora después, es una pista que conviene contar.

¿Haces mucha autovía o más bien ciudad?

Quien recorre la A-30 hacia Murcia o la A-31 a diario somete los frenos a menos golpes que el que se mueve entre semáforos, pero cuando frena, frena desde velocidades altas. Quien conduce sobre todo por el centro calienta los frenos muchas veces seguidas. Ninguno de los dos usos es mejor: solo cambian dónde buscamos desgaste.

¿Llevas carga o remolque?

Furgonetas de reparto, pickups que entran en el campo, coches con remolque o caravana. Más peso significa más calor en los frenos y menos margen si el líquido está viejo. En vehículos de trabajo somos más estrictos con el intervalo.

¿Ha bajado el nivel del depósito?

Un nivel algo más bajo puede deberse a que las pastillas se han gastado y los pistones han salido. Si baja deprisa, hay una fuga, y eso ya no es un mantenimiento sino una reparación de frenos.

Cómo lo hacemos

Con esas respuestas medimos el líquido, vemos su color y decidimos. Si toca cambiarlo, purgamos rueda a rueda en el orden correcto hasta que sale limpio y sin aire. En muchos coches modernos con ABS y control de estabilidad, el grupo hidráulico necesita activarse con el equipo de diagnosis para expulsar el líquido viejo que queda dentro; si tu coche lo pide, se hace.

Al terminar comprobamos el tacto del pedal parado y en marcha. Aprovechamos para mirar latiguillos, pinzas y el estado de discos y pastillas, y si vemos algo te lo decimos con calma, sin cambiar nada que no hayas aprobado.

Un error frecuente

Mucha gente da por hecho que el líquido de frenos se cambia con la revisión de aceite, y no siempre es así. Son intervalos distintos, y en las revisiones rápidas a veces se queda fuera sin que nadie lo diga. Si tienes el libro de mantenimiento o las facturas anteriores, tráelos: con ellos vemos qué se ha hecho y qué falta, y no repetimos trabajos que no hacen falta.